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¿Qué te dicen las estrellas, Mark Zuckerberg?

¿Qué te dicen las estrellas, Mark Zuckerberg?

Facebook ha llegado a los 350 millones de usuarios, y Mark Zuckerberg, este melancólico millonario joven, ha escrito una carta abierta a todos los usuarios (500 estudiantes de secundaria fueron contratados durante cinco días para chupar sellos…os lo juro)

En su carta, además de dar las gracias, gracias, gracias, anuncia unos interesantes cambios en la política de privacidad, e invita a todo el mundo a estar pendientes de su configuración, que pasará a ser más intuitiva, sencilla y rotunda.

Si yo fuera un poco conspiranoico echaría de menos alguna referencia al pacto con Google.

Copio y pego (las negritas son mías):

A todos los usuarios de Facebook:

Este ha sido un gran año, durante el cual hemos hecho del mundo un lugar más abierto y conectado. Gracias a vuestra ayuda, más de 350 millones de personas utilizan Facebook en todo el mundo para compartir sus vidas online.

Para que esto fuera posible, nos hemos centrado en daros las herramientas necesarias para compartir y controlar vuestra información. Desde la primera versión de Facebook, creada hace cinco años, hemos desarrollado herramientas que os ayudan a controlar qué información compartís y con qué individuos o grupos. Pero esta tarea no está acabada y nuestros esfuerzos por mejorar la privacidad continúan.

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Creo que todo el mundo lleva un blog dentro. Por algún motivo masoquista me gusta intentar convencer a los demás que los problemas de su vida se solucionarían escribiendo un blog.

Una de las respuestas más populares para darme largas es ‘no tengo tiempo’; la otra es ‘y de qué quieres que escriba?’. Yo siempre respondo lo mismo. Que uno tiene que escribir de lo que hable con sus amigos cuando toma unas cañas. Es la prueba del algodón. La gente sólo tiene cosas interesantes que decir sobre aquello que le interesa; pero sobre aquello que le interesa suele tener cosas interesantes que decir. Es un hecho, sobre todo entre los que somos más charlatanes.

El otro día comentaba con Edu, de Deditec, que me había llegado una alerta de Google que me redirigía a un Tweet. Y lo primero que me dijo fue “a ver cuánto tardan en Twitter y Facebook en cambiar la política de privacidad”. Días después me llegó otra alerta que me redirigía a un perfil de Facebook. Y así es como nació este post.

Volvemos sobre uno de los primeros temas sobre el que escribí en este blog: la discreción y su hermano malvado el exhibicionismo. La privacidad en internet vive ahora una fase de experimentación, con el método del ensayo y error. Se abren puertas, se escapa la gente, se cierran puertas. Se abren ventanas, la gente se abriga, se cierran ventanas. El hecho de que Google indexe tweets es una novedad extraña. Hasta hace unos días lo que se contaba en Twitter, quedaba en Twitter. Y, aunque hacer búsquedas temáticas en la red social de microblogging es sencillo y está al alcance de cualquiera que se haya sacado la EGB en 2.0...por lo menos estaba la barrera de la EGB.

En el momento en el que Google entra en la ecuación, lo que se dice en Twitter de convierte en dominio público, de la misma manera que lo son, muy a pesar de algunos, los contenidos de cualquier periódico digital.

Aporta Edu, co-autor de este blog, el apunte técnico: mientras que a día de hoy puedes limitar la entrada de la araña de Google en tu web con un sencillo fichero -robots.txt -, en Twitter no existe la manera de modificar el código autogenerado.

¿Conclusión? Salvo aquellos más avispados, la mayoría de los tuiteros se enterarán / nos enteraremos por las malas de que nuestro tweets han llegado a malas manos. Pero, por otra parte, no nos estará bien empleado. Eso nos pasa por tuitear!

Así que cada pájaro que aguante su vela.

29 de octubre: Facebook cambia su política de privacidad.

Queremos ganarnos tu confianza siendo transparentes sobre el funcionamiento de Facebook. Deberías leer este documento al completo, pero prestando atención en particular a estos tres puntos

¿Y cuál es el primero?

Facebook está diseñado para poner fácil el que compartas tu información con toda la gente que quieras. Tú decides cuánta información quieres compartir, y lo controlas a través de la configuración de la privacidad. Conviene que revises  la configuración por defecto y que la cambies si es necesario para reflejar mejor tus preferencias.

Hasta aquí

Escribir es una manera de leer. (Para abrir boca)

Yo no soy muy romántico. Creo que la escritura es una selección de elementos ordenados para conseguir un fin. Pero como soy un romántico, opino que esa selección la hacen musas hasta las cejas de crack.

Y las musas me dicen que últimamente todo el mundo está hablando de la discreción. De una especie de efecto resaca de la marea de los medios sociales que ahora hace que todo el mundo esté preocupado por su privacidad minutos después de haber aireado sus interioridades en alguna red o foro. Los bandazos son la ruta natural por la que transcurre el progeso, así que es normal, y necesario, que andemos recordando cómo y por qué hace falta ser un poco más discretos. Igual que pasa con el pago por contenidos online. El movimiento de las opiniones al respecto hace el mismo recorrido que un péndulo que pierde fuerza, yendo de extremo a extremo, pero acercándose cada vez más a un punto medio.

Con estas dos opiniones sobre la necesidad de cuidar la privacidad y la idea de que es necesario abandonar la quimera del gratis total en internet, consigo mis dos primeros créditos en la carrera la abogacía del diablo.

Explico mi arranque poético-argumentativo.

Esta noticia de hoyTecnología.com recoge la iniciativa del periódico americano The Washington Post de advertir a sus empleados de los peligros de ser demasiado social en las redes sociales.

Así, señala que “todos los periodistas de ‘The Washington Post’ renuncian a algunos de los privilegios personales que tienen como ciudadanos” al entrar a trabajar al medio, y les recuerda que, aunque usen las redes sociales para hablar de su vida privada, representan “en todo momento” al periódico, por lo que tienen que respetar una serie de normas.

En Off the Record en NY, Antoni Gutiérrez Rubí cuenta que:

En Nueva York, la ciudad conectada y abierta, se convocan también fiestas y encuentros off the record: No comentarios, no fotos, no grabaciones, no twitts. Protocols NYC, es una de las organizaciones que las convoca y prepara regularmente, predicando con el ejemplo de contención digital.

No existe ying sin yang. El dibujo es muy claro al respecto. Y Gutiérrez Rubí también: los nuevos espacios comunitarios exigen nuevos espacios de intimidad. Una riada de redes sociales acaba desembocando en una moda (más o menos difundida) en la que prime el contacto personal. Igual nuestros hijos se convierten en hippies redivivos.

¿Pero cómo se puede tener un contacto personal si en todo momento uno está representando a una empresa?

(Domino0’s Pizza)propone algo tan etéreo como explicarles a los empleados que no deben poner en mal lugar la imagen de su empresa en cualquier momento de sus vidas, ya que se suponen que siempre la están representando

…como cuenta Pablo Veyrat en este post de eTc en el que ilustra con ejemplos la intromisión de las empresas en la vida privada, o la intromisión de la vida privada en la profesional. Según se mire

Dónde queda la identidad personal privada, cuando está toda subida en la red. ¿Qué reservaríamos para esos encuentros en la comuna, a la sombra de algún tubérculo regado por goteo, si nuestras amistades, gustos, corazones rotos están todas online?

Pues nuestros defectos, se supone. Porque como dice Juan Varela,

“la identidad se convierte en un objeto de dominio público, un segundo ser diseñado para mejorar el real”.

Nuestro yo real queda reducido a los momentos de tanta intimidad que cuesta incluso escribirlos sin parecer soez (momentos de cuartos de baño y similares por un lado, y secretos inconfesables con implicaciones penales por otro)

Del artículo de Francis Pisani, ‘El electrón libre y la red’ me quedo con varias reflexiones: una, que ser freelance significa no pertenecer a la estricta organización jerárquica de una empresa, pero mientras se pertenece a otras comunidades (a veces tan estrictas y jerarquizadas como las otras, como las que se forman en torno a una opinión o postura política); y en segundo lugar, y no por ello menos importante, sino más, me quedo con la frase inicial:

He aquí una pregunta que me ronda la cabeza desde hace tiempo y sobre la que no tengo las ideas claras…

La mía es: ¿dónde empieza la vida privada y dónde la vida pública en la era de las redes sociales?

Mi conclusión: no tengo ni idea. Pero que nadie pierda el norte. Si al caerte te haces daño, entonces es que estás en el mundo real.