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Twitter-In

Twitter y LinkedIn se han casado. Se han casado según las costumbres polígamas y devoradoras que siguen los portales sociales, que enarbolan de una manera bastante convincente la bandera de los beneficios incuestionables  para el usuario.

Si hace unos días hablábamos de acuerdos entre Facebook, Google, Bing y Twitter, hoy es la red social profesional más pujante (social network on steroids, decían en el post a través del cual he conocido la noticia…cuyo nombre no consigo recordar) la que se une a la cama redonda. Aquí tenéis un vídeo con Reid Hoffman de LinkedIn y Biz Stone de Twitter explicando los motivos y las ventajas que aporta esta asociación.

Suena interesante. De hecho a mí me ha llevado a desempolvar mi LinkedIn, porque soy de los que cree, como dice Biz, que los perfiles virtuales son una especie de currículum online que uno puede esgrimir en el momento adecuado. Más aún si trabajas en la web.

Un paso más en la consolidación de la identidad online, esa asignatura pendiente tan difícil, tan controvertida y tan poco interesante empresarialmente. Es como la guerra de los cargadores multiplicada por mil en posibilidades empresariales, y por un millón en relevancia sociológica.

Gordon Brown perdió la paciencia con un entrevistador de Sky News recientemente. Absténganse amantes del morbo: la disputa transcurrió dentro de los límites de la acostumbrada flema británica, y el enorme enfado de Brown sólo es visible en los últimos segundos de la entrevista, cuando se niega a responder al ‘thank you’ del entrevistador (algo que a un inglés le cuesta la muerte de al menos un millón de neuronas), y se levanta y abandona la escena del cabreo.

El vídeo está aquí, y lo que quiero resaltar, más abajo

“…it doesn’t help when the newspapers try to translate it into something different”
“we think the British public deserves to see”
the viewers will judge”
“these are the questions than people are asking”

You, the press

Siempre me han chirriado las apelaciones gratuitas a colectivos. Cuando un político afirma que ‘los españoles quieren’ o esgrime que ‘los españoles están hartos de’ siempre me paro a pensar si están hablando de mí o me están utilizando. Después de ver el encontronazo de Gordon Brown me ha pasado algo parecido. ¿Quién es ese “people“, esos “viewers” o ese “public“? Brown se refería constantemente a un ‘ustedes’ que hay que entender como ‘la prensa’ o ‘los periodistas’, como si, todos a una, como Fuenteovejuna, los periodistas o la prensa respondieran a unos intereses unánimes. Y, visto lo visto, no es así, y menos en los tiempos que corren.

En primer lugar porque los periodistas británicos son también personas. Son viewers cuando ven la tele, son British public cuando atienden y son people todo el día. Políticos y periodistas tienen el vicio de excluirse del grupo de personas que sufre las subidas de impuestos, o que opina en una dirección un otra sobre el aborto, o que sufre el paro. (incluso a veces nos encontramos con políticos y periodistas que hablan en tercera persona de otros políticos y periodistas).

Precisamente esto último, el paro, ha afectado especialmente a la profesión de plumilla. Y no han sido sólo jóvenes mileuristas los que han dado con sus huesos en la calle, sino también viejos lobos de mar. Y luego están los intereses empresariales: ustedes, los periodistas, responden a intereses económicos que pueden hacer que la simpatía ideológica pase a un segundo plano. Y quien no se lo crea, que lea El País.

‘Ustedes los periodistas’ son empresarios, bloggers, mileuristas, ladrones, mentirosos, íntegros supermanes, esclavos, becarios, jefazos, divas…Sus intereses son variados, y sus posturas ni te cuento Y todas ellas tienen voz.

Y viceversa

Seguro que os habéis fijado en que los capítulos de los Simpson suelen comenzar con un enorme rodeo antes de entrar en materia. Pues eso.

Igual que los periodistas no encajan en ninguna descripción en particular, ninguna persona encaja en un único rol.   Todos pertenecemos a una gran cantidad de grupos sociales, más o menos rígidos, con cuyos valores nos sentimos identificados, y según cuyas reglas vivimos. Ideología, profesión, origen, religión, equipo de fútbol, aficiones…cada una de estas opciones en teoría impone unas normas de comportamiento.

Pero es imposible regirse por esas reglas. ¿Se puede ser a la vez periodista y afiliado al PSOE? Cualquiera pondría en duda su credibilidad. Lo que ocurre es que nadie en el mundo pasaría un examen exhaustivo de coherencia. Las piezas que conforman nuestra identidad son numerosas y sus principios a menudo contradictorios entre sí. Y, por si fuera poco, ahora están a la vista de todo el mundo a través de los medios sociales y las nuevas tecnologías que guardan un escrupuloso archivo de opiniones.

“¿No es verdad, señor Rubio, que usted dijo en un tweet en octubre de 2009 que jamás aceptaría…?”
“¿Pero tú no eras fan de Amis en Facebook?”
“¿Pero tú no trabajabas en Gaceta? Lo vi en LinkedIn”

Vamos a tener que empezar a asumir nuestra propia condición absurda. Los periodistas y los políticos tendrán que empezar a confesar que a veces son ‘people‘, que a veces son ‘viewers‘. Tendrán que enfrentarse a su propia incongruencia, porque saldrá a relucir muy a menudo, y aprender a llevarla con deportividad. Tendrá que cuestionarse seriamente  la fea costumbre de generalizar.

Un excelente artículo al respecto: La transparencia es la nueva objetividad

Escribir es una manera de leer. (Para abrir boca)

Yo no soy muy romántico. Creo que la escritura es una selección de elementos ordenados para conseguir un fin. Pero como soy un romántico, opino que esa selección la hacen musas hasta las cejas de crack.

Y las musas me dicen que últimamente todo el mundo está hablando de la discreción. De una especie de efecto resaca de la marea de los medios sociales que ahora hace que todo el mundo esté preocupado por su privacidad minutos después de haber aireado sus interioridades en alguna red o foro. Los bandazos son la ruta natural por la que transcurre el progeso, así que es normal, y necesario, que andemos recordando cómo y por qué hace falta ser un poco más discretos. Igual que pasa con el pago por contenidos online. El movimiento de las opiniones al respecto hace el mismo recorrido que un péndulo que pierde fuerza, yendo de extremo a extremo, pero acercándose cada vez más a un punto medio.

Con estas dos opiniones sobre la necesidad de cuidar la privacidad y la idea de que es necesario abandonar la quimera del gratis total en internet, consigo mis dos primeros créditos en la carrera la abogacía del diablo.

Explico mi arranque poético-argumentativo.

Esta noticia de hoyTecnología.com recoge la iniciativa del periódico americano The Washington Post de advertir a sus empleados de los peligros de ser demasiado social en las redes sociales.

Así, señala que “todos los periodistas de ‘The Washington Post’ renuncian a algunos de los privilegios personales que tienen como ciudadanos” al entrar a trabajar al medio, y les recuerda que, aunque usen las redes sociales para hablar de su vida privada, representan “en todo momento” al periódico, por lo que tienen que respetar una serie de normas.

En Off the Record en NY, Antoni Gutiérrez Rubí cuenta que:

En Nueva York, la ciudad conectada y abierta, se convocan también fiestas y encuentros off the record: No comentarios, no fotos, no grabaciones, no twitts. Protocols NYC, es una de las organizaciones que las convoca y prepara regularmente, predicando con el ejemplo de contención digital.

No existe ying sin yang. El dibujo es muy claro al respecto. Y Gutiérrez Rubí también: los nuevos espacios comunitarios exigen nuevos espacios de intimidad. Una riada de redes sociales acaba desembocando en una moda (más o menos difundida) en la que prime el contacto personal. Igual nuestros hijos se convierten en hippies redivivos.

¿Pero cómo se puede tener un contacto personal si en todo momento uno está representando a una empresa?

(Domino0’s Pizza)propone algo tan etéreo como explicarles a los empleados que no deben poner en mal lugar la imagen de su empresa en cualquier momento de sus vidas, ya que se suponen que siempre la están representando

…como cuenta Pablo Veyrat en este post de eTc en el que ilustra con ejemplos la intromisión de las empresas en la vida privada, o la intromisión de la vida privada en la profesional. Según se mire

Dónde queda la identidad personal privada, cuando está toda subida en la red. ¿Qué reservaríamos para esos encuentros en la comuna, a la sombra de algún tubérculo regado por goteo, si nuestras amistades, gustos, corazones rotos están todas online?

Pues nuestros defectos, se supone. Porque como dice Juan Varela,

“la identidad se convierte en un objeto de dominio público, un segundo ser diseñado para mejorar el real”.

Nuestro yo real queda reducido a los momentos de tanta intimidad que cuesta incluso escribirlos sin parecer soez (momentos de cuartos de baño y similares por un lado, y secretos inconfesables con implicaciones penales por otro)

Del artículo de Francis Pisani, ‘El electrón libre y la red’ me quedo con varias reflexiones: una, que ser freelance significa no pertenecer a la estricta organización jerárquica de una empresa, pero mientras se pertenece a otras comunidades (a veces tan estrictas y jerarquizadas como las otras, como las que se forman en torno a una opinión o postura política); y en segundo lugar, y no por ello menos importante, sino más, me quedo con la frase inicial:

He aquí una pregunta que me ronda la cabeza desde hace tiempo y sobre la que no tengo las ideas claras…

La mía es: ¿dónde empieza la vida privada y dónde la vida pública en la era de las redes sociales?

Mi conclusión: no tengo ni idea. Pero que nadie pierda el norte. Si al caerte te haces daño, entonces es que estás en el mundo real.