Desde que empecé a escribir este post hasta ahora ha pasado cerca de un mes. Ha dado tiempo a ver pasar el nacimiento de Factual y la revuelta en internet contra la Disposición Adicional que permitía cerrar webs de la Ley de Economía Sostenible del gobierno de Zapatero. Mucho se ha escrito sobre ello de forma directa o indirecta, pero poco me ha dado tiempo a comentar.
Escribí este post desde dos hipótesis que son la misma con dos caras, y que no se demostrarán salvo que el tiempo y la tecnología así lo quieran: que el gratis total tiene que acabar en la industria cultural e informativa, y que a gente está de acuerdo y que sólo espera la manera justa de acceder al arte o las noticias.
Os dejo con el post. Hasta la próxima, corazones.
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He discutido -amistosamente- dos veces sobre el periodismo de pago en internet en las últimas semanas: una de ellas con unos chicos más jóvenes que yo, y otra con periodistas más viejos. Tienen una postura similar por motivos distintos: el escepticismo.
La filosofía del ‘gratis total’ es demasiado poderosa, y a menudo parece invencible. Pero tan a menudo es injusta que no debería sostenerse más.
