Antes se agotará el mar que las metáforas futbolísticas. Lo que pasa es que no gozan del prestigio de las bélicas, por poner otro ejemplo. Por eso mola tanto citar a Sun Tzu, pero las frases de Clemente se las dejamos a los guiñoles o a los Manolos.
Damos la bienvenida a una nueva estrella en el panorama mediático español. Ha llegado José Mourinho. Este vecino portugués ha tenido que salir de España y pasar por Inglaterra e Italia antes de volver al lugar que le tenía reservado el destino: la portada. The Special One es adorado por sus jugadores y temido por sus enemigos mientras da de comer a la prensa.
La analogia con la política es inevitable. La política y el fútbol se parecen demasiado (igual que la guerra y el fútbol, el amor y el fútbol o Lost y el fútbol). Diego Campo y un servidor no hemos podido resistir la tentación de jugar a un ‘Si fuera’ político futbolístico. El trabajo de un líder es el trabajo de un líder y no importa si va en traje o en chándal, en zapato plano o con tacón. Estas son las conclusiones de nuestro juego asociativo y libre.
Opio del pueblo
Sabe darle a la prensa exactamente lo que necesita. Y no lo hace por hipocresía, superficialidad o deporte, sino porque sabe que parte de su trabajo está en los periódicos.
Es José Mourinho, sí. Pero también Esperanza Aguirre. Surtidor de titulares que no tiene miedo a la guerra porque sabe aguantarla mejor que los demás. “Pico y pala” es el lema de ella, mientras adelanta en el circuito de Madrid a su Pellegrini particular, un gran entrenador que no sabe ganar en los partidos trascendentales y con sus buenas formas como peores consejeras.

José Mourinho y Esperanza Aguirre
Son gestores de equipos, de mano dura y palabras dulces -a veces- y con las ideas peligrosamente claras. Les tildan de retrógrados, pero es que juegan a otra cosa: juegan a ganar. Y trabajan en un escandaloso silencio en la persecución de un gran reto.
Lejos queda el tiempo en el que figuraban como unos personajes secundarios en el paisaje, y en el que se les tenía el cariño que se guarda para los irrelevantes.
Dejar hablar a los números
Se le dan bien los números, a Rafa Benítez. Al inicio de su carrera se reían de él porque llegaba a los entrenamientos con un portátil, y siempre se le ha dado mejor hincar los codos que brillar frente a las cámaras. Quizá por eso, aunque sus dotes de gestión no dejan lugar a dudas, tuvo que buscar su suerte al otro lado de la frontera. Porque siempre se le adelantaron los que además de habilidad y genio tuvieron más astucia.
Como Rodrigo Rato. El hombre que se fue a triunfar al extranjero, tras haber rozado el cielo en España. Cada vez que el suelo tiembla en Madrid, su nombre suena para rescatar a los que claman por un borrón y cuenta nueva. Es el nombre que muchos recuerdan cuando las cosas se ponen feas y lo que hace falta no son palabras bonitas, simpatía y simpatías, sino alguien que se deje de palabras y empiece a enseñar resultados.

Rafa Benítez y Rodrigo Rato
Como Rafa Benítez a quien el destino quizá tarde demasiado en darle la oportunidad de entrenar al grande de España del que salió, aunque haya hecho méritos.
Como Rodrigo Rato, que sigue mostrando dotes de gestión en entidades de relevancia mientras su partido reza en silencio por un nuevo rumbo.
Como Rafa Benítez. Como Rodrigo Rato.
Patria o yo
La prensa le busca con asiduidad porque en el burocrático mundo del periodismo de declaraciones, las suyas están siempre bien cotizadas por polémicas y colaterales. En el fondo es una relación con conveniencia porque en su esfera pública y profesional apenas ha mostrado capacidad alguna al margen de su facilidad para acaparar la atención. Y eso no es poco.
Se trata de Diego “Mamando” Maradona, pero también de Miguel Ángel Revilla, líderes de opinión que juegan a tener el verbo suelto porque en esa muestra del yo implacable radica su carisma. Ninguno disocia su imagen personal de la pública porque en la alabanza externa radica la fortaleza de ella por lo que no extraña verlos abrazado a la bandera que más les convenga para que la crítica exceda a sus figuras. Ellos son Argentina, Cantabria. Infinitas, como reza el eslogan.

Miguel Ángel Revilla y Diego Armando Maradona
Juegan en solitario en un deporte de equipo, gustan de protagonizar los momentos más polémicos y se aferran al o negro o blanco, pero gris jamás. Tras su puesta en escena desenfadada y terriblemente espontánea, se adivina un trabajo, un esfuerzo por recalcar esas características como forma de diferenciación con sus colegas. Son virtuosos con olfato privilegiado para adivinar o crear oportunidades y aunque siempre en el alambre de la minoría parlamentaria o futbolística-mediática, saben mantenerse con vida.
La épica racional
El trazo dibujado por su verbo resulta tan grueso como inequívoco. En ellos, los apelativos a la heroica, a la épica, se realizan desde situaciones más comunes de las que acostumbran a rodear a esos episodios inolvidables. Hacen gala de una personalidad dura que les hace temidos, respetados u odiados y con frecuencia dejan hueco para los principios, no vaya a ser que toque salir por piernas.
Se trata de José Antonio Camacho, pero también de Vicente Martínez Pujalte o Francisco Álvarez Cascos. Con el primero comparte el “mérito” de haber protagonizado la situación surrealista y novedosa de abandonar el Hemiciclo blanco sin apenas llegar a estar sentado en él. Con Cascos, la fácil caricaturización de dos personalidades arrolladoras, arremangadas y decididas a exigir el último esfuerzo a sus huestes. Todo soldado quisiera a un Camacho-Cascos con él en la trinchera.

José Antonio Camacho y Francisco Álvarez Cascos
El de Cieza y el asturiano juegan con las bazas de su dureza para montar y desmontar cual Lego su imagen pública en cada momento. Ganan en el poco frecuente cara a cara, pues en esos momentos se adivina la nobleza que esconde tanto ceño fruncido. Y aunque más que estrategas sean implacables diseñadores de la táctica, persiguen sus metas con la misma fe que transmiten su relato de épica racional, de tipo duro al estilo Clint Eastwood en Gran Torino.
Continuará…
