community-managerHace un par de semanas un anuncio de Fanta hirió sensibilidades en internet. Un anuncio en el que la marca de refrescos sorteaba un curso de quince días de DJ, otro de surf y otro de community management, molestó a un grupo de especialistas en marketing online que, como bien saben hacer, hicieron ruido en las redes sociales mostrando su descontento.

Una semana después, Enrique Dans publicaba un artículo en Expansión en el que defendía la necesidad de abrir las puertas a este nuevo perfil profesional.

“La empresa que no se haya dado cuenta de la importancia de las comunidades que la rodean, tiene un verdadero problema”, dice Dans, que llega a defender que “el community manager apunta claramente a un perfil directivo“, algo bastante novedoso, cuando los responsables de social media en España son habitualmente jóvenes, a menudo becarios, y a menudo también externos a la compañía para la que trabajan.

Tanto la reacción al anuncio de Fanta como la defensa en el artículo de Dans me hacen pensar más en la debilidad de una profesión en ciernes que en su supuesto advenimiento inevitable. A pesar de contar con tantos profetas, parece que el community management intenta mantenerse a flote mientras busca una identidad sólida. No tanto porque le lluevan las críticas, sino porque sigue sin ser un perfil que da el salto de los reportajes de tendencias a los cargos decisivos de las empresas, o a las facultades.

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Empezar a hacer algo por primera vez puede ser muy revelador. Como, por ejemplo, empezar a informarse sobre las elecciones colombianas.

Cuando partes de cero eres más consciente de los cimientos de un discurso, por ejemplo. Una persona que conozca a los candidatos presidenciales entiende sus matices. Alguien a quien no le han sido presentados, lee las descripciones oficiales. Esas siete líneas con las que los medios definen a un candidato para distinguirlo de los demás.

Esas siete líneas pueden revelar cómo eres percibido. Estos son los candidatos que se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones colombianas:

Juan Manuel Santos

Juan Manuel Santos

Juan Manuel Santos. Con variantes, el parrafito de este presidenciable dice que es un hombre poco carismático, pero un político eficaz con experiencia en la cara más árida de la política colombiana. Responsable de la operación Jaque que consiguió la libertad para Ingrid Betancourt, también lleva en el currículum la enemistad con Chávez y Correa. Es el sucesor natural de Uribe.

Antanas Mockus

Antanas Mockus

Antanas Mockus. Este hombre con barba y nombre de personaje de novela es un académico excéntrico y esdrújulo. Ha enseñado el culo, se ha vestido de Supermán y se ha casado en un circo. Es político y matemático y filósofo, y su gestión en la alcaldía de Bogotá debió ser una experiencia lo suficientemente positiva como para no ser un lastre en la carrera presidencial.

En cuatro líneas cabe un equilibrio de lo bueno y lo malo, una visión estereoscópica, en 3D. Tienen contradicciones, tienen presentación y nudo y esperan su desenlace. Son un resumen de la narrativa de una contienda política que se define en las urnas en un proceso mucho menos romántico que estos microrrelatos.

Seguro que habéis oído lo de los árboles y el bosque. A veces estos relatos políticos en siete líneas deciden las elecciones más que un programa electoral.

¿Nunca te has preguntado cómo te resumirían a ti?

Portada de The Audacity to Win

Portada de The Audacity to Win

El libro de David Plouffe, The Audacity to Win, es un juguete genial para los frikis de la comunicación política. Plouffe fue el director de campaña de Obama, y el segundo nombre de un consultor político americano que me aprendí (después del de su colega en AKPD, David Axelrod).

En las páginas de ‘The Audacity to Win’, Plouffe, más que narrar, explica el proceso de ejecución de una campaña electoral partir del ejemplo de campaña que todas las madres querrían para sus hijos. A Plouffe  se le iban las horas estudiándose los números de estimaciones de votos-delegados-superdelegados, y esa vena de calculín se percibe en el libro.

Escribe con más precisión que emoción cuando cuenta cómo se forma un equipo de campaña, cómo se toma la decisión de contratar vuelos privados o cómo se consulta una encuesta estatal. Su relato es terrenal y sencillo, y a veces lo adorna con pinceladas de sentimientos calculados que piden una pausa para aplauso. También hay hueco para las historias de sobra conocidas.

A Plouffe se le atribuye la decisión de adoptar la estrategia de 50 estados, frente a otras matemáticas electorales alternativas, o la masticadísima deuda de Obama for America con los medios sociales.

El titulo, ‘The Audacity to Win’, responde a la tenacidad con la que el equipo de campaña se aferró a unos principios de los que estaban convencidos. Y a base de esa tenacidad, cambiaron las reglas del juego. La reacción al escándalo del reverendo Wright, la posición sobre Irak o los impuestos, son algunos de los ejemplos de cómo se saltaron las contraindicaciones, cómo lideró un equipo fiel a la estrategia planteada de manera férrea e incondicional, quizá porque siempre estuvieron más cómodos que sus rivales con el miedo al fracaso.

Me guardo en la caja de herramientas dos conceptos muy distintos que sólo tienen en común el hábil manejo que de ellos hicieron durante la campaña de Barack Obama.

Momentum: supongo que en la versión en español traducirán momentum como inercia, una palabra carente del romanticismo y el gancho que su hermana anglosajona. El momentum es imprescindible en una campaña de hitos como una electoral, que depende del estado de animo en un momento dado. Los esfuerzos comunicativos deben estar calculados para dotar de un empuje especial ese sprint final.

Investigación cualitativa. No conozco muy bien el terreno de la investigación electoral, más allá de las carreras de caballos que muestran las encuestas de los medios. Entiendo que detrás de los ‘recorta dos puntos’ hay mucho trabajo de investigación…pero dudo que tanto como el que se hizo en la campaña de Obama. Plouffe menciona en su libro docenas de encuestas cualitativas que se utilizaban para prever, probar y comprobar las reacciones a los distintos mensajes. A lomos de sus resultados el equipo de Obama supo soportar el viento desfavorable proveniente de los medios, y así poder ejercer esa audacia del título.

Hay muchas descripciones del Open Government en internet y seguramente mejores, mucho mejores, y hasta requetemejores. Pero como se suele decir en comunicación, hasta que estas cosas no ’suben’ a televisión, no se pueden considerar eficazmente difundidas.

Esperemos que este vídeo sea el primer síntoma de una infección de oGov.

ACTUALIZACIÓN (11 de mayo):

Vídeos como el de arriba sirven para difundir mejor el Open Government entre aquellos que no lo conocen todavía. Iniciativas como la del vídeo de abajo servirán para hacer que el Open Government salga de los blogs especializados y los encuentros de frikis para entrar en la cotidianidad del ciudadano.

Visto en K-Government

Los caminos de Google suelen ser inescrutables. Cada movimiento, cada decisión es tan secreta como sonada, así que uno no puede sino formarse una opinión desinformada a base de leer artículos llenos de conjeturas más o menos justificadas.

Google desveló el pasado mes de agosto de 2009 que comenzaría a implantar paulatinamente Caffeine. El motor de búsqueda de Google está, al parecer, en constante cambio, pero con Caffeine, los de Mountain View pensaban dejarse de pequeños accesorios y hacer un remozado más general. Conclusión, el mundo del SEO tiritando.

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