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Una predicción basada en opiniones reales.
En poco tiempo ocurrirá el famoso apagón digital y todo el monte será TDT, paquetes digitales u otras especies. Con docenas de canales y audiencias fragmentadas, la publicidad en televisión dejará de estar al alcance de sólo unos pocos ricos que puedan permitirse un spot pirotécnico, y muchas empresas crecientes y PYMES con ínfulas empezarán a querer su hueco entre programas.
No será necesariamente el fin de las superproducciones, sino que veremos una transformación del mercado de la creación de anuncios. Aparecerán spots de autor, spots al estilo Dogma, spots independientes y de bajo presupuesto. ‘Blair Witch Projects’ o ‘American Beautys’ entre ocasionales ‘Avatares’.
Y en el maremágnum de productoras y producciones resurgirá una figura apartada del mundo de la televisión. Un paria con pelo grasiento y camiseta de publicidad: el informático.
Las animaciones por ordenador, una idea, un equipo pequeño, cero actores, cero localizaciones, serán el sabor favorito de los clientes más ahorradores.
Un ejemplo
Visto en E-Campanya
El médico me felicitó por mi hígado, aunque no parecía muy contento. “Tú serás de los que no prueban el alcohol…como mi yerno”. Miraba a la pantalla, y, por encima de las gafas, a mi padre, que estaba de pie a su lado.´”El primer día que vino a cenar a casa le pregunté ‘¿qué quieres beber?’, y me respondió, ‘Coca Cola’”, decía, asumiendo la empatía de mi padre. “Yo le dije: no. Si no quieres vino, bebes agua.”
Es triste cuando a uno lo abroncan por no beber mucho. Sin ser abstemio, le he perdido la medida al alcohol, y la línea que separa la romántica embriaguez de un desastre naval se ha vuelto finísima. Tampoco fumo, con el agravante de que recuerdo la fecha exacta en la que me eché mi último cigarro (no cuentan caladas furtivas en alguna de las semanas subsiguientes). He encontrado un nuevo trabajo que apunta al largo plazo y, lo que es más grave: dentro de menos de dos meses tendré un hijo. Soy una especie de muerto en vida.
Saco al perro, bebo poleo menta y decoro la habitación del niño. Me acechan los cielos despejados y en sueños termino sudokus. Tendré que encontrar un nuevo vacío que rellenar, ¿no?
Cambia el espíritu del blog. Por si alguien quiere saberlo.
Voy a resistir la tentación de hacer un balance del año, aunque me va a resultar difícil, teniendo en cuenta que escribo estas líneas desde el puesto de trabajo que dentro de 30 minutos abandonaré para siempre (nota mental, modificar la página de “quién soy”). Es complicado no ponerse nostálgico después de descubrir que uno lleva tres años consecutivos publicando la noticia “El 2008/2009/2010 ya ha llegado” (en el Pacífico) con una foto de fuegos artificiales en Sydney. Lo cual me lleva a preguntarme por qué soy el que pringa siempre el 31 de diciembre.
En cualquier caso, para despedirme del que ha sido mi campo de pruebas durante algo más de dos años, he decidido dedicar mi última media hora a hacer algo verdaderamente productivo: suscribirme a Factual. Aprovechando el tufillo de la fecha podría ponerme estupendo y decir que espero que sea el nacimiento del año 2009 (el de 2010 sería mi hijo…nota mental, recordar la nota mental de arriba), porque representa una esperanza al fondo de al menos dos túneles que he transitado estos años, y con los que tengo la esperanza de seguir vinculado: el futuro del periodismo, y el futuro de la comunicación web.
Desde que empecé a escribir este post hasta ahora ha pasado cerca de un mes. Ha dado tiempo a ver pasar el nacimiento de Factual y la revuelta en internet contra la Disposición Adicional que permitía cerrar webs de la Ley de Economía Sostenible del gobierno de Zapatero. Mucho se ha escrito sobre ello de forma directa o indirecta, pero poco me ha dado tiempo a comentar.
Escribí este post desde dos hipótesis que son la misma con dos caras, y que no se demostrarán salvo que el tiempo y la tecnología así lo quieran: que el gratis total tiene que acabar en la industria cultural e informativa, y que a gente está de acuerdo y que sólo espera la manera justa de acceder al arte o las noticias.
Os dejo con el post. Hasta la próxima, corazones.
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He discutido -amistosamente- dos veces sobre el periodismo de pago en internet en las últimas semanas: una de ellas con unos chicos más jóvenes que yo, y otra con periodistas más viejos. Tienen una postura similar por motivos distintos: el escepticismo.
La filosofía del ‘gratis total’ es demasiado poderosa, y a menudo parece invencible. Pero tan a menudo es injusta que no debería sostenerse más.