Me he mudado de página. Ya no me dan los huesos para escribir con la frecuencia y el cuidado que requiere un blog, pero como no quiero parar de escribir, ni puedo parar de comentar las cosas que me interesan, me he trasladado a DOS lugares:
Para cuando necesito comentar o compartir algo de forma irreflexiva y rápida, he creado otro Ciudadano Com en Tumblr.
Y una vez alimentado el Tumblr con ideas fugaces, lo que espero que quede son los textos más trabajados y que espero publicar aquí y allá. Para eso he creado una página personal que me exige menos trabajo de actualización y que sirve más como resumen pulcro de mi actividad. Página personal de Miguel Rubio.
Desde hace menos de un mes puedo decir que no sólo he fantaseado con dar clases de Web 2.0 / community management / comunicación online: las he dado.
Siempre que diseñaba (en la fantasía o en la realidad) una clase, una de las patas principales de la lección pasaba por explicar los valores que ha imprimido la nueva comunicación. Por su origen, la web 2.0 ha impuesto un modelo en el que los principios de la comunicación han variado. Más allá de las cuestiones técnicas y tecnológicas, que permiten a los usuarios crear sus propios contenidos, hay una serie de asuntos casi morales de los que llevo oyendo hablar o leyendo durante los en torno a tres años que llevo metido hasta la curcusilla en la web 2.0.
Permitidme que incruste aquí una ponencia de @alorza sobre el tema de los valores, aplicado al terreno de la política (que lo mismo me da que me da lo mismo)
Me interesa particularmente esta vertiente ética de la comunicación 2.0 con la que la gente está tan de acuerdo. La honestidad, la trasparencia, la colaboración, el espíritu de mejora (@alorza lo llama beta perpetua, creatividad colectiva, etc)… Es todo tan idílico que cuesta discernir si estamos hablando de realidad o wishful thinking.
Yo soy de los que piensa que la presencia de esos valores en la comunicación onlinees real, pero empiezo a albergar la sospecha de que no durará. Según se van popularizando las herramientas 2.0, lo que era grassroots se está volviendo astroturfing. Se ha aprendido a fingir transparencia, a manufacturar la creatividad colectiva. Los valores 2.0 empiezan a estar tan manidos que se vuelven utilitarios y se hace gala de ellos como de un tatuaje cool o de una camiseta con mensaje ecologista.
Cuando he explicado la comunicación 2.0 a gente todavía no demasiado metida en el ajo, sigo contando con los valores como uno de los pilares principales para entender la comunicación online. Creo que son necesarios para entender la web de la misma manera que puede hacer falta tirar de Franco para explicar la España reciente.
¿Pero quién está más vivo? ¿Los valores de la web 2.0 o Franco?
Que me perdone mi jefe si me está leyendo, pero estoy escribiendo este post en mi blog desde el trabajo.
Hoy soy yo el encargado de coordinar que todo funcione en el PDC, el Postgrado de Dirección de Campañas que organiza MAS Consulting. Está hablando Narciso Michavila, director del Gabinete de Análisis Demoscópico, sobre investigación electoral. Una charla que ya he escuchado, cuando cursé el postgrado yo mismo, y que vuelve a resultar interesante. Puntos de vista nuevos sobre temas viejos, como la campaña de Obama (”al final Obama ganó por la televisión”), una lectura experta sobre la actualidad (sus opiniones del CIS recién salido del horno)
Michavila es fantástico, entre otros motivos, porque da una bibliografía de lujo. Ademas de manejarse bien con los números, tiene un lado sociológico que hace que sus clases tengan una vertiente de letras fantástica. En media hora ha citado a Gladwell, Lakoff, Luntz, Putnam…
Para bien o para mal, tenemos conexión a Internet en el aula, y yo, que ya he hecho el curso, me puedo permitir dispersarme. Problema: que los dedos me han llevado hasta Amazon.
Square es, entre otras cosas, la última aventura de Kevin Rose, uno de los creadores de Digg. Es un diminuto chismático que lleva el cobro por tarjeta a cualquier iPhone. Se trata de un lector de tarjetas que se conecta a la entrada de los auriculares, y se vincula con una aplicación de cobros pequeños.
El vídeo lo explica todo mejor.
Mención aparte merece el vídeo. Divertidísima elección de los personajes que personifican la aparición de un aparato de última tecnología que vende transacciones económicas.
Una apuesta (valiente) por la confianza y la sencillez como posicionamientos de la marca Square.
El pasado lunes, Gutiérrez Comunicación atrajo a un buen puñado de frikis en torno a dos temas de debate que aspiran a ser marido y mujer: la política y las redes (sociales o no). Los diputados de la Asamblea de Madrid José Cepeda (PSOE), Inés Sabanés (IU) y David Pérez (PP) se sentaron a la mesa moderada por Rafa Rubio para debatir sobre la entrada de las nuevas tecnologías de la información en la política.
A pesar de los tres políticos y su posición predominante, en su mesa de frente a la audiencia, el absoluto protagonista del evento, en la opinión del que suscribe, fue la pantalla.
Fuente, Flickr: A.n.n.y.e.
De frente a los espectadores, y a barlovento de los ponentes presidía la sala una pantalla en la que se proyectaban los tweets que contuvieran el hashtag #politicaredes. Por ese espacio privilegiado fueron pasando los mensajes de alguos de los asistentes (que aporreábamos nuestros netbooks, laptops, smartphones u otras fruslerías) y de otros no tan asistentes que estaban siguiendo la conversación a través del tag en Twitter o del streaming.
Fuente, Flickr: A.n.n.y.e.
La experiencia fue reveladora. Cuesta imaginarse lo que debe suponer ser ponente en el siglo XXI, conferenciando ante multitudes de cabezas gachas, preocupadas por escucharte con medio cerebro mientras tuitean con el otro medio.
Se crea un interesante juego de fronteras y conversaciones. Mientras los ponentes emiten, los oyentes emiten y charlan, y, con los mensajes a la vista, quedan al descubierto las distancias entre lo que se está hablando desde el estrado y lo que a la gente le interesa. La proyección de los tweets ofrecía feedback en tiempo real sobre las palabras de los ponentes, y las conversaciones que brotaban de ellas.
Los políticos ofrecían sus opiniones, expuestos a ser atacados por la espalda por un mensaje que los acusara de aburridos, tópicos o simples. Evidentemente no todo el monte eran críticas, y abundaron los mensajes positivos, las citas textuales y las conversaciones hilvanadas, pero el formato claramente ofrecía un juicio inmisericorde y en tiempo real del evento.
Fuente, Flickr: A.n.n.y.e.
Pensaba ilustrar el post con una fotito pero no me he podido resistir a ‘robarle’ tres a @petitsetmaman
Podéis ver todas las fotos que hizo del evento aquí