Square es, entre otras cosas, la última aventura de Kevin Rose, uno de los creadores de Digg. Es un diminuto chismático que lleva el cobro por tarjeta a cualquier iPhone. Se trata de un lector de tarjetas que se conecta a la entrada de los auriculares, y se vincula con una aplicación de cobros pequeños.
El vídeo lo explica todo mejor.
Mención aparte merece el vídeo. Divertidísima elección de los personajes que personifican la aparición de un aparato de última tecnología que vende transacciones económicas.
Una apuesta (valiente) por la confianza y la sencillez como posicionamientos de la marca Square.
El pasado lunes, Gutiérrez Comunicación atrajo a un buen puñado de frikis en torno a dos temas de debate que aspiran a ser marido y mujer: la política y las redes (sociales o no). Los diputados de la Asamblea de Madrid José Cepeda (PSOE), Inés Sabanés (IU) y David Pérez (PP) se sentaron a la mesa moderada por Rafa Rubio para debatir sobre la entrada de las nuevas tecnologías de la información en la política.
A pesar de los tres políticos y su posición predominante, en su mesa de frente a la audiencia, el absoluto protagonista del evento, en la opinión del que suscribe, fue la pantalla.
Fuente, Flickr: A.n.n.y.e.
De frente a los espectadores, y a barlovento de los ponentes presidía la sala una pantalla en la que se proyectaban los tweets que contuvieran el hashtag #politicaredes. Por ese espacio privilegiado fueron pasando los mensajes de alguos de los asistentes (que aporreábamos nuestros netbooks, laptops, smartphones u otras fruslerías) y de otros no tan asistentes que estaban siguiendo la conversación a través del tag en Twitter o del streaming.
Fuente, Flickr: A.n.n.y.e.
La experiencia fue reveladora. Cuesta imaginarse lo que debe suponer ser ponente en el siglo XXI, conferenciando ante multitudes de cabezas gachas, preocupadas por escucharte con medio cerebro mientras tuitean con el otro medio.
Se crea un interesante juego de fronteras y conversaciones. Mientras los ponentes emiten, los oyentes emiten y charlan, y, con los mensajes a la vista, quedan al descubierto las distancias entre lo que se está hablando desde el estrado y lo que a la gente le interesa. La proyección de los tweets ofrecía feedback en tiempo real sobre las palabras de los ponentes, y las conversaciones que brotaban de ellas.
Los políticos ofrecían sus opiniones, expuestos a ser atacados por la espalda por un mensaje que los acusara de aburridos, tópicos o simples. Evidentemente no todo el monte eran críticas, y abundaron los mensajes positivos, las citas textuales y las conversaciones hilvanadas, pero el formato claramente ofrecía un juicio inmisericorde y en tiempo real del evento.
Fuente, Flickr: A.n.n.y.e.
Pensaba ilustrar el post con una fotito pero no me he podido resistir a ‘robarle’ tres a @petitsetmaman
Podéis ver todas las fotos que hizo del evento aquí
Hace un par de semanas un anuncio de Fanta hirió sensibilidades en internet. Un anuncio en el que la marca de refrescos sorteaba un curso de quince días de DJ, otro de surf y otro de community management, molestó a un grupo de especialistas en marketing online que, como bien saben hacer, hicieron ruido en las redes sociales mostrando su descontento.
“La empresa que no se haya dado cuenta de la importancia de las comunidades que la rodean, tiene un verdadero problema”, dice Dans, que llega a defender que “el community manager apunta claramente a un perfil directivo“, algo bastante novedoso, cuando los responsables de social media en España son habitualmente jóvenes, a menudo becarios, y a menudo también externos a la compañía para la que trabajan.
Tanto la reacción al anuncio de Fanta como la defensa en el artículo de Dans me hacen pensar más en la debilidad de una profesión en ciernes que en su supuesto advenimiento inevitable. A pesar de contar con tantos profetas, parece que el community management intenta mantenerse a flote mientras busca una identidad sólida. No tanto porque le lluevan las críticas, sino porque sigue sin ser un perfil que da el salto de los reportajes de tendencias a los cargos decisivos de las empresas, o a las facultades.
Los caminos de Google suelen ser inescrutables. Cada movimiento, cada decisión es tan secreta como sonada, así que uno no puede sino formarse una opinión desinformada a base de leer artículos llenos de conjeturas más o menos justificadas.
Google desveló el pasado mes de agosto de 2009 que comenzaría a implantar paulatinamente Caffeine. El motor de búsqueda de Google está, al parecer, en constante cambio, pero con Caffeine, los de Mountain View pensaban dejarse de pequeños accesorios y hacer un remozado más general. Conclusión, el mundo del SEO tiritando.
Me vais a perdonar. Una de mis funciones en mi empresa es la de community manager, y en las redes sociales profesionales firmo como ‘medio experto en 2.0′, pero a menudo me pregunto si no estamos dando vueltas en círculos. Llevo unos cuantos años rebozándome por los medios sociales, y los últimos tres y pico dedicándome profesionalmente a internet, y, aunque es verdad que las cosas cambian, hay muchas que siguen siendo iguales.
¿Estamos confundiendo las fuentes de información?
A veces tengo la sensación de que en internet conversamos los que trabajamos para internet. Una hipótersis corroborada por alguna lectura que no recuerdo que decía que la gran mayoría de los usuarios de Twitter son personas que se dedican a la comunicación (¿es necesario recordar que la mayoría de la gente NO se dedica a la comunicación?). Cuando uno se encuentra con un artículo como este ‘Community manager: ¿moda o necesidad?‘ no puede evitar pensar que ha sido escrito por un community manager o aspirante a ello. Y la gente que lo tuitea, retuitea y requetetuitea son (somos) un montón de forofos convencidos deseando que nos quieran.
Partiendo de esta duda metódica me planteé replantearme las fuentes que consulto en busca de información relevante. Y en base a esta reflexión, planteo la siguiente lista de tipos de fuentes. A cada una de las categorías le corresponde la subcategoría ‘refrito de’, que incluiría todos los sub-contenidos generados a partir de digestiones parciales. Y dentro de cada categoría, por supuesto, existen contenidos con todos los niveles de calidad.