Hago una pausa en la lectura de la entrevista de Juan José Millás a Felipe González para copiar y pegar las palabras del ex-presidente sobre el liderazgo. Ojalá tenga tiempo luego de comentarlas. Por lo menos pondré negritas. Creo que queda claro qué es lo que me llama la atención.
¿Cuál es el misterio del liderazgo en general, no solo en política? Hay algunas características fundamentales: Una, no puede ser líder quien no tiene capacidad, y/o sensibilidad, para hacerse cargo del estado de ánimo de los otros. Si no te haces cargo del estado de ánimo del otro, el otro no te siente próximo, siente que no lo comprendes y no te acepta como líder.
Dos: no hay liderazgo si no cambias el estado de ánimo de los demás, de negativo a positivo o de positivo a más positivo, lo que comporta creer de verdad en el proyecto que ofreces, creer de la manera menos mercenaria posible porque te da más fuerza. Y la capacidad de transmitir ese proyecto como un proyecto que enganche a los demás, que comprometa a los demás cambiándoles ese estado de ánimo del que previamente te has hecho cargo. Pero tiene que ser un proyecto que le permita a la gente pensar que, aunque le pidas esfuerzos, ese esfuerzo tiene sentido, y le convence quien se lo pide porque ve que se lo cree. Y se lo cree de manera no mercenaria.
No conocía a Felipe González. Lo conocí hace poco en una entrevista de Gabilondo para CNN+ y me sorprendieron muchas cosas. Como sus ideas sobre educación. Hoy leo en la entrevista más sobre esas ideas: González critica la falta de formación en el espíritu emprendedor, endémica en el país que gobernó. Me gusta.
Millás insiste mucho en el pragmatismo del ex-presidente, supongo que por detalles como esta postura tan teóricamente de derechas. Sin embargo también se deja entrever un hombre ilustrado, que a la hora de hablar de liderazgo habla mucho más de conmover que de mover. Probablemente el ex que precede a su antiguo cargo le concede una tregua que me permite conocerle hoy sin aplicarle el tercer grado de ayer. Tenía a Felipe González como el hombre que decepcionó a la generación de mis padres. Hoy empiezo a conocerle más, a sus 68, a mis 27, y creo que tendríamos cosas en común.
