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ironistas

Echo de menos escribir, pero tengo varios buenos motivos para no hacerlo. Uno de ellos, que estoy demasiado ocupado haciendo como para detenerme a contar.  En un futuro, ¿cómo de lejano?, me encantaría dedicarme únicamente a contar, pero me queda demasiado por aprender todavía.

Como no tengo tiempo de sentarme a escribir, me siento a copipastearme a mí mismo. Me acaba de llegar mi última adquisición vía Amazon: Philosophy and social hope, una recopilación de artículos y ensayos breves del filósofo americano Richard Rorty, con el que Rorty buscó una mayor difusión de su visión del pragmatismo. Rorty es un antiguo amor, algo abandonado, sobre el que “escribí” esto hace buff.

Lo recupero hoy porque he querido recopilar mis recuerdos de Rorty para poder recuperarlo a él.

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Una traducción rápida y descuidada de una página de “Contingency, irony and solidarity” de Richard Rorty. Introducción al capítulo 4, Ironía privada y esperanza liberal

Todos los seres humanos acarrean un grupo de palabras que emplean para justificar sus acciones, sus creencias y sus vidas. Esas son las palabras con las que formulamos nuestro afecto por los amigos y nuestro desprecio a los enemigos, nuestros proyectos a largo plazo, nuestras dudas más profundas y nuestras esperanzas más elevadas. Son las palabras con las que contamos a veces en retrospectiva, a veces mirando al futuro, la historia de nuestras vidas. A estas palabras las llamaré el “vocabulario final” de una persona.

Es “final” en el sentido de que si la duda se cierne sobre la validez de estas palabras, su usuario carecerá de argumentos que no sean circulares. Esas palabras llegan todo lo lejos que uno puede llegar con el lenguaje; más allá de ellas, sólo hay pasividad resignada o el uso de la fuerza. Una pequeña porción del vocabulario final está hecha de términos finos, flexibles y omnipresentes como “verdadero”, “bueno”, “correcto” o “hermoso”. Pero la mayor parte la componen conceptos más gruesos, rígidos, conceptos más parciales como “Cristo”, “Inglaterra”, “profesionalidad”, “decencia”, “amabilidad”, “la Revolución”, “la Iglesia”, “progreso”, “rigor”, “creativo”. Los términos más parciales de todos hacen casi todo el trabajo. Definiré a un “ironista” como aquella persona que cumpla tres condiciones:

1.- Tiene dudas continuas y radicales sobre el vocabulario final que utiliza, porque ha sido impresionado por otros vocabularios, tomados de otras personas o libros con los que se ha topado.

2.- Es consciente de que cualquier argumento expresado con ese vocabulario es incapaz de contestar o disolver esas dudas

3.- Cuanto más filosofa sobre su situación, más piensa que su vocabulario no está más cerca de la realidad que otros, o que tiene más poder fuera del que ejerce sobre sí mismo.”

El ironista de Rorty sabe que su vocabulario no es mejor; sabe que es suyo y que le es útil. Palabras a borrar de mi vocabulario: verdad, mejor, bueno,justo (y sus contrarios)… Hasta ahí, por ahora.

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