Desde que empecé a escribir este post hasta ahora ha pasado cerca de un mes. Ha dado tiempo a ver pasar el nacimiento de Factual y la revuelta en internet contra la Disposición Adicional que permitía cerrar webs de la Ley de Economía Sostenible del gobierno de Zapatero. Mucho se ha escrito sobre ello de forma directa o indirecta, pero poco me ha dado tiempo a comentar.
Escribí este post desde dos hipótesis que son la misma con dos caras, y que no se demostrarán salvo que el tiempo y la tecnología así lo quieran: que el gratis total tiene que acabar en la industria cultural e informativa, y que a gente está de acuerdo y que sólo espera la manera justa de acceder al arte o las noticias.
Os dejo con el post. Hasta la próxima, corazones.
————————————————————-
He discutido -amistosamente- dos veces sobre el periodismo de pago en internet en las últimas semanas: una de ellas con unos chicos más jóvenes que yo, y otra con periodistas más viejos. Tienen una postura similar por motivos distintos: el escepticismo.
La filosofía del ‘gratis total’ es demasiado poderosa, y a menudo parece invencible. Pero tan a menudo es injusta que no debería sostenerse más.
Yo soy de los que creen que las personas, en particular los usuarios más activos de internet a los que les presupongo una curiosidad y una actitud activa frente al consumo cultural por encima de la media, estarían dispuestos a asumir un papel más responsable en la creación y difusión de productos culturales e informativos. Vamos, que los internautas están deseando premiar el buen trabajo pagando. Es mi teoría y se basa en un 50% de intuición y otro 50% de noticias.
En octubre de 2007 Radiohead puso a la venta su disco “In rainbows” con un precio que se escribe en letras y no en números: “lo que tú quieras”. Ese mensaje inmediatamente apelaba a la responsabilidad de los compradores. Pero no a una responsabilidad tipo “si quieres un perro te encargas de sacarlo tú todos los días”, sino a una responsabilidad tipo “si de verdad te gusta nuestra música, ayúdanos a seguir haciéndola”. De alguna manera, cada persona que compraba ‘In rainbows’ estaba comprando acciones de Radiohead. Se convertía en un micromecenas que permite a los artistas trabajar gracias a una subvención mínima, e inmediatamente se convierte en un actor relevante en la historia de la banda británica. Ese tipo de responsabilidad.
El secreto es la implicación emocional que provoca un modelo como este. El verbo que se utiliza no es pagar, sino invertir. El individuo que compra no es ya un actor pasivo que suelta guita, sino un socio capitalista respetable cuya opinión importa. Es responsable de sus actos, elige libremente, su dinero importa, su opinión mueve su dinero…Es un tío imprescindible. ¡Qué hermosa historia!

Creo que el internauta avanzado ya se siente importante y respetable, aunque a día de hoy está un poco enfadado y frustrado porque las empresas, los medios, los políticos…no le ven así. El internauta importante y respetable tiene dinero y está dispuesto a invertirlo en el primero que sepa valorar de verdad su opinión. El político/medio/empresa que sepa tratar con más dignidad a sus interlocutores online ganará en reputación y verá inflarse sus arcas. Opino.
Lo que falla es la tecnología
El modelo de negocio de información online basado en micropagos ha fracasado hasta ahora por motivos tecnológicos. Efectuar un pago en internet todavía no es percibido como algo sencillo y seguro. Cuando esos dos muros, sencillez y seguridad, sean evitados, los modelos de pago serán viables.
A grandes rasgos, un pago online requiere pasar al menos una vez por un largo proceso de registro que implica además dar datos personales e información sensible como el número de la tarjeta de crédito. Algo que un usuario normal hace sólo con un puñado de páginas de mucha confianza, y, aún así, con bastante precaución.
Mi teoría: el día en que la tecnología se ponga de acuerdo para ofrecer un sistema rápido y sencillo (se me ocurre, por lo pronto, un lector de tarjetas de crédito en el ordenador, asociado al lector de DNI electrónico) que permita hacer pagos con sólo un clic (y una ventana de “confirmar”) todos los internautas seremos un peligro para nuestra propia economía.
Ya ha salido Factual. Entre que empecé a escribir este post y lo termino he tenido tiempo de verlo llegar y verlo nacer. Cobra 50 euros anuales por suscripción. Es una fórmula interesante, pero a mí no me convence del todo ese matrimonio anual, aunque le deseo lo mejor al experimento”
El peso de la costumbre
Los jóvenes piensan que el gratis total está demasiado inserto en las conciencias, empezando por las suyas, como para plantear los pagos. Los mayores dicen que no van a empezar a pagar por contenidos online cuando ellos tampoco emplean tanto tiempo y esfuerzo en navegar. No estoy hablando de los jóvenes y los mayores en abstracto, sino de mis interlocutores en la discusión que mencionaba arriba.
Ambos se defendían preventivamente de la invasión que supondría para sus costumbres empezar a pagar por contenidos online. Sin embargo, el secreto del éxito de la empresa residirá en su capacidad para no intentar cambiar nada, sino simplemente adaptarse a las necesidades que ya existen. ¿Por qué estarías dispuesto a pagar y cuánto?
Yo creo que podría plantearme pagar por un reportaje, por una exclusiva, por un reportaje fotográfico, por una crónica en directo, por una monografía… Y con pagar 50 céntimos la pieza ya estaría pagando la mitad de lo que cuesta un diario en papel. Sin duda pagaría por una canción (no por quince sin haberlas escuchado), y por un libro. También por una película que pudiera descargar y reproducir en mi ordenador…y si luego me apetece pagar un pequeños plus por conseguir los extras (me gustan las tomas falsas, y si sacara tiempo, me vería los comentarios del director siempre), igual hasta me animo.