Esta semana he afrontado una experiencia nueva para mí: la de trabajar para un proyecto publicitario con un cohete pegado al culo. Alguien como yo, acostumbrado al community management y al periodismo, está más cómodo pensando en el largo plazo. Y, ahora que lo pienso, quizá es ese concepto paciente y tenaz el que choca con la idea de Gaceta. Quizá es por eso que me llama la atención el poder de las exclusivas.

A lo que íbamos. Estaba preparando un proyecto de cuyo nombre no quiero acordarme (igual tengo ocasión en el futuro de contarlo abiertamente) que requería la presentación de una serie de ideas bien definidas y presupuestadas. Brainstorming, rebrainstorming y requetebrainstorming, siempre pensado en que la ventaja competitiva de mi idea (que era más bien nuestra, pero ya he dejado caer que quiero ser discreto) tenía que ser la originalidad y el precio, todo ello, partiendo de la base de que nadie te dice cuánto dinero tiene pensado gastarse.

hadoken

Me sentía como si la presentación fuera una especie de videojuego, y yo tuviera una barra de vida. No iba a ser una aventura gráfica, en la que puedes repetir una acción cien veces hasta que das con el matiz que habías obviado. Es un Mortal Kombat en el que con tres golpes certeros estás muerto. El cliente no tiene tiempo, y sí la razón, así que si no aciertas con el primer presupuesto, no te dejará patalear mucho.

La cosa se cayó antes de sentar siquiera las bases, aunque ya tenía(mos) una idea, yo creo, original y con posibilidades. Pero me llevo una lección para la próxima ocasión.

Al final nada sale gratis :P

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