A menudo tengo la impresión de que cuando hablo con alguien de las ventajas de internet sobre otros medios de comunicación, todas las conversaciones acaban desembocando, por mi parte, en una defensa del nuevo rol que la web impone a los lectores. Redes sociales, periodismo, política, literatura…La persona que está al otro lado de la pantalla ya no es un receptor plano, no es un frontón en el que rebotar nuestro golpe.
En primer lugar, por una cuestión de comportamiento frente a la información: el usuario de internet no enciende su ordenador y espera a ver qué ponen. Informarse a través de la red implica una participación que puede darse en distintos grados.
Siempre acabo sacando a colación el gráfico que encontré (y copié) del libro El mundo Groundswell, de Charlene Li y Josh Bernoff.

El usuario ya no es un espectador pasivo, sino que ha elegido, como mínimo, el ‘qué’ de lo que quiere saber. Puede teclear una dirección en su browser, pero la costumbre actualmente es la de teclear en el buscador (Google, Yahoo, Bing…) la palabra o palabras clave de búsqueda. Y vayamos subiendo peldaños.
En mayor o menor medida, el espectador ya no es un espectador pasivo. Además de la obligación de buscar, tiene la posibilidad de responder a aquello que lee a través de lo múltiples espacios que existen para ello que todas las webs se han apresurado (o se deberían apresurar) a incluir cuanto antes. Abunda el tipo de lector que quiere ejercer su legítimo derecho a estar en desacuerdo y a expresarlo, y que no ve con buenos ojos que no se le de la opción.
Subiendo más peldaños de la escalera nos damos cuenta de que el espectador ya no es sólo un espectador. Google ha igualado a todos los internautas, colocando a una distancia similar las distintas fuentes de información. SEO mediante (por cantidad, antigüedad y calidad) tienden a ser los medios tradicionales los que atraen un mayor tráfico; pero las distancias se han acortado. Muchos bloggers obtienen más atención y feedback que algunos periódicos digitales, y en cuanto a la presencia en redes como Twitter, los medios tradicionales van claramente desencaminados. En cualquiera de los casos, si comparamos las posibilidades de un periódico nacional y un fanzine para llegar a los kioskos, con las que tienen ahora de competir por lectores, veremos que estamos ante un proceso serio de democratización.
Las nuevas tendencias han favorecido la democratización de la creación de información (una acción sin comparación :P), y su difusión (acabará esto pronto?) ya no depende de grandes inversiones, sino de trabajo duro, habilidad y atención a las tendencias. Algo que puede hacer un equipo contratado ad hoc por una empresa potente…o un par de amigos espabilados.
Hagamos un pequeño paréntesis para ejemplificar:
A través del blog de Jeremiah Owyang leo, entre otros casos, sobre el de un congreso de nuevas tecnologías en EEUU. En uno de los escenarios tenía lugar una entrevista a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, a cargo de una entrevistadora, al parecer, no demasiado bien preparada. Como es lógico en una entrevista con solera en una convención tecnológica, el evento tenía un hueco privilegiado en Twitter, y Twitter un hueco privilegiado en la entrevista.
Los ‘asistentes’ a través de la red social de microblogging criticaron duramente las preguntas de la entrevstadora, y alabaron las de los asistentes, mucho mejor informados, y probablemente más interesados. La organización del evento reaccionó organizando al día siguiente un turno de preguntas sin intermediarios entre Zuckerberg y su público.
La revista Wired resumía el fenómeno, y otros tantos que se dieron durante la susodicha convención, así
While it might be a rough time to be a speaker, it’s a great time to be an attendee.
La balanza se ha desequilibrado
El respeto, la atención, la autoridad, ya no se le presuponen al que tiene la palabra, sólo porque tiene la palabra. La experiencia ha demostrado que a menudo los portavoces se convierten en portavoces por motivos ajenos a su mérito. Estoy pensando sobre todo en periodismo, donde abunda la cualquierocracia, pero también en cualquier otra área de la comunicación.
El reto es bien simple. ¿Qué exige el nuevo panorama comunicativo?
Más esfuerzo: el internauta ha llegado hasta ti, y tu tema de conversación. Y a una persona interesada en un tema hay que presuponerle, como mínimo curiosidad, como máximo conocimientos. A todos nos ha pasado que hemos leído un artículo en un periódico sobre un tema del que estamos mejor informados que el periodista. No olvidemos que ahora el internauta responde. Hay que ir especialmente bien preparado cuando uno se dirige al público del ciberespacio, y hacer un esfuerzo por acudir con una actitud humilde. Es más que probable que algún lector sepa más que uno mismo.
Más respeto: no se debe tratar al lector como un ingenuo. Para esto hay dos salidas posibles:
- ofrecer todos los puntos de vista. No sólo por el sentido de justicia que implica ofrecer una visión global y ponderada, sino porque no hacerlo conlleva castigo. Recordemos que si un periódico dice A, el lector puede acceder a B con sólo un par de clics. Negar la opción contraria simplemente dejará un regusto de falta de respeto a un lector que puede pensar que le están intentando vender una moto.
- ser honesto con el punto de vista propio. Si un autor piensa dar una visión parcial de algo, haría bien en esforzarse en ser transparente, de manera que el lector sepa a qué atenerse. quién soy, qué pienso, qué sé, qué me gusta. La honestidad es un valor en alza en internet. Los internautas pueden admitir perfectamente los rumores, las opiniones y otros géneros periodísticos reservados a casos excepcionales, siempre y cuando se emitan o se comuniquen con franqueza.
Viva el lector 2.0!!!!
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2 comments to “Oda al lector”
recuerdo un par de cartas al director enviadas a un periódico de gran tirada, una hace mucho, otra hace menos, que no me publicaron.
Gracias a internet se terminó la selección partidista de las cartas al director, por ejemplo.