Gordon Brown perdió la paciencia con un entrevistador de Sky News recientemente. Absténganse amantes del morbo: la disputa transcurrió dentro de los límites de la acostumbrada flema británica, y el enorme enfado de Brown sólo es visible en los últimos segundos de la entrevista, cuando se niega a responder al ‘thank you’ del entrevistador (algo que a un inglés le cuesta la muerte de al menos un millón de neuronas), y se levanta y abandona la escena del cabreo.
El vídeo está aquí, y lo que quiero resaltar, más abajo
“…it doesn’t help when the newspapers try to translate it into something different”
“we think the British public deserves to see”
“the viewers will judge”
“these are the questions than people are asking”
You, the press
Siempre me han chirriado las apelaciones gratuitas a colectivos. Cuando un político afirma que ‘los españoles quieren’ o esgrime que ‘los españoles están hartos de’ siempre me paro a pensar si están hablando de mí o me están utilizando. Después de ver el encontronazo de Gordon Brown me ha pasado algo parecido. ¿Quién es ese “people“, esos “viewers” o ese “public“? Brown se refería constantemente a un ‘ustedes’ que hay que entender como ‘la prensa’ o ‘los periodistas’, como si, todos a una, como Fuenteovejuna, los periodistas o la prensa respondieran a unos intereses unánimes. Y, visto lo visto, no es así, y menos en los tiempos que corren.
En primer lugar porque los periodistas británicos son también personas. Son viewers cuando ven la tele, son British public cuando atienden y son people todo el día. Políticos y periodistas tienen el vicio de excluirse del grupo de personas que sufre las subidas de impuestos, o que opina en una dirección un otra sobre el aborto, o que sufre el paro. (incluso a veces nos encontramos con políticos y periodistas que hablan en tercera persona de otros políticos y periodistas).
Precisamente esto último, el paro, ha afectado especialmente a la profesión de plumilla. Y no han sido sólo jóvenes mileuristas los que han dado con sus huesos en la calle, sino también viejos lobos de mar. Y luego están los intereses empresariales: ustedes, los periodistas, responden a intereses económicos que pueden hacer que la simpatía ideológica pase a un segundo plano. Y quien no se lo crea, que lea El País.
‘Ustedes los periodistas’ son empresarios, bloggers, mileuristas, ladrones, mentirosos, íntegros supermanes, esclavos, becarios, jefazos, divas…Sus intereses son variados, y sus posturas ni te cuento Y todas ellas tienen voz.
Y viceversa
Seguro que os habéis fijado en que los capítulos de los Simpson suelen comenzar con un enorme rodeo antes de entrar en materia. Pues eso.
Igual que los periodistas no encajan en ninguna descripción en particular, ninguna persona encaja en un único rol. Todos pertenecemos a una gran cantidad de grupos sociales, más o menos rígidos, con cuyos valores nos sentimos identificados, y según cuyas reglas vivimos. Ideología, profesión, origen, religión, equipo de fútbol, aficiones…cada una de estas opciones en teoría impone unas normas de comportamiento.
Pero es imposible regirse por esas reglas. ¿Se puede ser a la vez periodista y afiliado al PSOE? Cualquiera pondría en duda su credibilidad. Lo que ocurre es que nadie en el mundo pasaría un examen exhaustivo de coherencia. Las piezas que conforman nuestra identidad son numerosas y sus principios a menudo contradictorios entre sí. Y, por si fuera poco, ahora están a la vista de todo el mundo a través de los medios sociales y las nuevas tecnologías que guardan un escrupuloso archivo de opiniones.
“¿No es verdad, señor Rubio, que usted dijo en un tweet en octubre de 2009 que jamás aceptaría…?”
“¿Pero tú no eras fan de Amis en Facebook?”
“¿Pero tú no trabajabas en Gaceta? Lo vi en LinkedIn”
Vamos a tener que empezar a asumir nuestra propia condición absurda. Los periodistas y los políticos tendrán que empezar a confesar que a veces son ‘people‘, que a veces son ‘viewers‘. Tendrán que enfrentarse a su propia incongruencia, porque saldrá a relucir muy a menudo, y aprender a llevarla con deportividad. Tendrá que cuestionarse seriamente la fea costumbre de generalizar.
Un excelente artículo al respecto: La transparencia es la nueva objetividad