Escribir es una manera de leer. (Para abrir boca)

Yo no soy muy romántico. Creo que la escritura es una selección de elementos ordenados para conseguir un fin. Pero como soy un romántico, opino que esa selección la hacen musas hasta las cejas de crack.

Y las musas me dicen que últimamente todo el mundo está hablando de la discreción. De una especie de efecto resaca de la marea de los medios sociales que ahora hace que todo el mundo esté preocupado por su privacidad minutos después de haber aireado sus interioridades en alguna red o foro. Los bandazos son la ruta natural por la que transcurre el progeso, así que es normal, y necesario, que andemos recordando cómo y por qué hace falta ser un poco más discretos. Igual que pasa con el pago por contenidos online. El movimiento de las opiniones al respecto hace el mismo recorrido que un péndulo que pierde fuerza, yendo de extremo a extremo, pero acercándose cada vez más a un punto medio.

Con estas dos opiniones sobre la necesidad de cuidar la privacidad y la idea de que es necesario abandonar la quimera del gratis total en internet, consigo mis dos primeros créditos en la carrera la abogacía del diablo.

Explico mi arranque poético-argumentativo.

Esta noticia de hoyTecnología.com recoge la iniciativa del periódico americano The Washington Post de advertir a sus empleados de los peligros de ser demasiado social en las redes sociales.

Así, señala que “todos los periodistas de ‘The Washington Post’ renuncian a algunos de los privilegios personales que tienen como ciudadanos” al entrar a trabajar al medio, y les recuerda que, aunque usen las redes sociales para hablar de su vida privada, representan “en todo momento” al periódico, por lo que tienen que respetar una serie de normas.

En Off the Record en NY, Antoni Gutiérrez Rubí cuenta que:

En Nueva York, la ciudad conectada y abierta, se convocan también fiestas y encuentros off the record: No comentarios, no fotos, no grabaciones, no twitts. Protocols NYC, es una de las organizaciones que las convoca y prepara regularmente, predicando con el ejemplo de contención digital.

No existe ying sin yang. El dibujo es muy claro al respecto. Y Gutiérrez Rubí también: los nuevos espacios comunitarios exigen nuevos espacios de intimidad. Una riada de redes sociales acaba desembocando en una moda (más o menos difundida) en la que prime el contacto personal. Igual nuestros hijos se convierten en hippies redivivos.

¿Pero cómo se puede tener un contacto personal si en todo momento uno está representando a una empresa?

(Domino0’s Pizza)propone algo tan etéreo como explicarles a los empleados que no deben poner en mal lugar la imagen de su empresa en cualquier momento de sus vidas, ya que se suponen que siempre la están representando

…como cuenta Pablo Veyrat en este post de eTc en el que ilustra con ejemplos la intromisión de las empresas en la vida privada, o la intromisión de la vida privada en la profesional. Según se mire

Dónde queda la identidad personal privada, cuando está toda subida en la red. ¿Qué reservaríamos para esos encuentros en la comuna, a la sombra de algún tubérculo regado por goteo, si nuestras amistades, gustos, corazones rotos están todas online?

Pues nuestros defectos, se supone. Porque como dice Juan Varela,

“la identidad se convierte en un objeto de dominio público, un segundo ser diseñado para mejorar el real”.

Nuestro yo real queda reducido a los momentos de tanta intimidad que cuesta incluso escribirlos sin parecer soez (momentos de cuartos de baño y similares por un lado, y secretos inconfesables con implicaciones penales por otro)

Del artículo de Francis Pisani, ‘El electrón libre y la red’ me quedo con varias reflexiones: una, que ser freelance significa no pertenecer a la estricta organización jerárquica de una empresa, pero mientras se pertenece a otras comunidades (a veces tan estrictas y jerarquizadas como las otras, como las que se forman en torno a una opinión o postura política); y en segundo lugar, y no por ello menos importante, sino más, me quedo con la frase inicial:

He aquí una pregunta que me ronda la cabeza desde hace tiempo y sobre la que no tengo las ideas claras…

La mía es: ¿dónde empieza la vida privada y dónde la vida pública en la era de las redes sociales?

Mi conclusión: no tengo ni idea. Pero que nadie pierda el norte. Si al caerte te haces daño, entonces es que estás en el mundo real.

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2 comments to “La discreción está de moda”

  1. Antoni says:

    Gracias por la referencia!

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