Una de las virtudes que desde siempre le achaqué a Factual fue la mezcla de brutal honestidad con soberbia transparente. Factual hablaba de Factual con tanta suficiencia que era difícil no pensar que realmente esos chulos como ochos tenían motivos para tirarle besos al espejo.

Tanta, tanta suficiencia que se permitían el lujo de apuntarse como tantos todas y cada una de sus flaquezas. Nos dejaban entrar en las reuniones, donde predominaban esos dos acentos catalanes, uno tras unas gafas a punta de nariz, y otro debajo de una colisión de pelo rojo entre apocados periodistas de bullente vida interior; sacaban crónicas en las que no les importaba admitir que hacían fotos con un iPhone, o cómo emanaban perfume a novato en ruedas de prensa, unas planetarias y otras no; lucían su excentricidad como si estuvieran en la cola de un garito neoyorkino.

Escribían de fábula, todos ellos. Si en algún momento detecté algo parecido a una ideología detrás del proyecto, quizá tuviera que ver con eso: un respeto reverencial por las verdades que desatan las palabras bien empleadas.

factual

Claro, que en un entorno de flagrante exhibicionismo, qué se le podía pedir a un cierre como el que ha tenido lugar. Se han vivido días convulsos en internet, siguiendo el culebrón de Factual como si fuera…un culebrón. Primero despega Espada, luego escupe Fallarás, responde Varela, opina Toquisqui, y al final, como era de esperar, florecen las crónicas.

Aquí la de Cristina Fallarás, contando el relato fatal desde la pluma de la mujer ídem.

Últimas horas en Factual, I y II de Braulio García Jaén, escueto, conciso, ex preocupado.

Igual esta es la última vez que hablo de Factual!

(por cierto, me quedo con las ganas de escuchar las respuestas de Cristina Fallarás a una entrevista que conseguí, creo, hacerle llegar por mail)

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Publicidad de autor

Una predicción basada en opiniones reales.

En poco tiempo ocurrirá el famoso apagón digital y todo el monte será TDT, paquetes digitales u otras especies. Con docenas de canales y audiencias fragmentadas, la publicidad en televisión dejará de estar al alcance de sólo unos pocos ricos que puedan permitirse un spot pirotécnico, y muchas empresas crecientes y PYMES con ínfulas empezarán a querer su hueco entre programas.

No será necesariamente el fin de las superproducciones, sino que veremos una transformación del mercado de la creación de anuncios. Aparecerán spots de autor, spots al estilo Dogma, spots independientes y de bajo presupuesto. ‘Blair Witch Projects’ o ‘American Beautys’ entre ocasionales ‘Avatares’.

Y en el maremágnum de productoras y producciones resurgirá una figura apartada del mundo de la televisión. Un paria con pelo grasiento y camiseta de publicidad: el informático.

Las animaciones por ordenador, una idea, un equipo pequeño, cero actores, cero localizaciones, serán el sabor favorito de los clientes más ahorradores.

Un ejemplo

Visto en E-Campanya

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mucho mejor

A eso de las 22:30, en lugar de estar arropados, estábamos reunidos y con risa floja después de tres días de intenso caos, y saltos sin paracaídas (por mi parte), intentando enderezar lo que queda del laberinto.
Por el rabillo del ojo me ha parecido ver que el jefe nos echaba una foto con su iPhone mientras no le hacíamos caso. Así que creo que mucho mejor aquí.
¿Verdad?
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Fill in the blanks

El médico me felicitó por mi hígado, aunque no parecía muy contento. “Tú serás de los que no prueban el alcohol…como mi yerno”. Miraba a la pantalla, y, por encima de las gafas, a mi padre, que estaba de pie a su lado.´”El primer día que vino a cenar a casa le pregunté ‘¿qué quieres beber?’, y me respondió, ‘Coca Cola’”, decía, asumiendo la empatía de mi padre. “Yo le dije: no. Si no quieres vino, bebes agua.”

Es triste cuando a uno lo abroncan por no beber mucho. Sin ser abstemio, le he perdido la medida al alcohol, y la línea que separa la romántica embriaguez de un desastre naval se ha vuelto finísima. Tampoco fumo, con el agravante de que recuerdo la fecha exacta en la que me eché mi último cigarro (no cuentan caladas furtivas en alguna de las semanas subsiguientes). He encontrado un nuevo trabajo que apunta al largo plazo y, lo que es más grave: dentro de menos de dos meses tendré un hijo. Soy una especie de muerto en vida.
Saco al perro, bebo poleo menta y decoro la habitación del niño. Me acechan los cielos despejados y en sueños termino sudokus. Tendré que encontrar un nuevo vacío que rellenar, ¿no?
Cambia el espíritu del blog. Por si alguien quiere saberlo.

Extraído de una columna de opinión del NYTimes, a cargo de Ross Douthat: Let’s talk about faith

La democracia liberal ofrece a los creyentes el siguiente trato: que acepten, como precio por la ciudadanía, que nunca deberás imponer tus convicciones al prójimo, o usar el poder político para imponer creencias. A cambio, serás libre de practicar tu fe como creas conveniente y también de competir con otros creyentes (y no creyentes) en el mercado de las ideas

Douthat habla en su columna sobre la cola que trajeron las declaraciones de un comentarista televisivo que ’sugirió’ a Tiger Woods que abrazara el Cristianismo y renunciara a su práctica budista, como vía de perdón.

Comparto con Douthat la crítica a las críticas: los límites de la libertad de expresión y el derecho a defender las propias ideas se han difuminado, y, en seguida, desde uno u otro bando se acusa de “imponer”, “querer imponer”, “insultar”, “denigrar” u otros violentos verbos al contrario cuando expresa su opinión.

Expresarse es expresarse, y para todo lo demás se necesita un palo.

Un autobús atropellando a una multitud o viceversa

Un autobús atropellando a una multitud o viceversa